Si eres jugador de ruleta, quizás este artículo te interese.

 

1. Introducción: un juego simple y fascinante

La ruleta es uno de los juegos de azar más apasionantes e intrigantes que he conocido.

Su dinámica es sencilla y, precisamente por ello, resulta especialmente atractiva para muchas personas que no desean enfrentarse a aprendizajes complejos. El jugador puede apostar a un número pleno o a distintos grupos de números y, tras ello, esperar a que el cilindro determine un resultado al azar.

Esa simplicidad inicial es, en buena medida, la clave de su enorme popularidad.


2. Estructura y funcionamiento del juego

La ruleta consta de dos partes bien diferenciadas:

  • El paño, donde los jugadores realizan sus apuestas.

  • El cilindro, llamado así por su forma circular, que contiene un total de 37 números, del 0 al 36.

Estos números no están colocados de forma ordenada, sino siguiendo una disposición concreta cuyo objetivo es maximizar la aleatoriedad de los resultados. Esta distribución fue diseñada por su inventor, Blaise Pascal, quien investigó la manera de conseguir que los resultados fueran lo más impredecibles posible.

Aunque el mecanismo del juego es simple, su comportamiento estadístico no lo es en absoluto. Y aquí es donde comienza lo verdaderamente interesante.


3. La ruleta como sistema matemático

La ruleta europea opera sobre un conjunto de resultados perfectamente definido: un conjunto discreto y finito de 37 números, comprendidos entre el 0 y el 36, ambos inclusive.

En cada jugada, el sistema selecciona de forma aleatoria uno y solo uno de estos valores. El conjunto es cerrado en sentido probabilístico, ya que no puede producirse ningún resultado ajeno a ese espacio muestral.

Esta característica distingue claramente a la ruleta de otros sistemas de azar o incertidumbre.


4. Comparación con otros sistemas aleatorios

En un partido de fútbol, aunque el número de goles es discreto, no existe un límite superior teórico para el resultado final. Del mismo modo, en los mercados financieros los precios carecen de un conjunto finito de resultados posibles y pueden variar de forma continua, sin un techo máximo teórico.

La ruleta, en cambio, constituye un sistema aleatorio cerrado, finito y completamente definido, lo que permite su análisis matemático exacto, algo que no ocurre en otros entornos donde el espacio de resultados es abierto o indefinido.


5. Un sistema definido… pero indomable

Paradójicamente, esta cualidad —que a primera vista podría hacer pensar que la ruleta es un juego fácil de controlar— es precisamente la que nos sitúa ante un escenario imposible de dominar.

Esta es la razón por la que muchas personas se acercan a la ruleta convencidas de que es relativamente sencillo ganar dinero, para acabar perdiendo hasta el último céntimo. Es un juego aparentemente amable, pero letal si no se entra en él siendo plenamente consciente de que es imbatible e indómito.


6. El mito del jugador profesional

No se conocen casos de personas que hayan hecho de la ruleta una forma de vida de manera legítima y sostenida. Es cierto que todos hemos oído hablar de historias de éxito más o menos prolongadas, pero en todos los casos se trataba de:

  • Personas que hacían trampas, manipulando el cilindro.

  • O jugadores que se aprovecharon de defectos físicos del sistema, como ocurrió con la familia Pelayo.

Fuera de estas excepciones, la ruleta no ha sido dominada por nadie.


7. Una pregunta incómoda pero necesaria

Aquí surge una reflexión que puede resultar incómoda para muchos jugadores:

¿Nunca te has preguntado que, si ganar a la ruleta fuera posible de forma continua y sostenible, las mentes más brillantes del planeta ya habrían descubierto una fórmula para lograrlo?

¿Alguien cree seriamente que personas como Bill Gates o Albert Einstein carecerían del talento necesario para vencer a la ruleta si ello fuera posible? Muy al contrario, los individuos con este perfil intelectual suelen mantenerse alejados de este juego, plenamente conscientes de que es matemáticamente imposible vencerlo en el medio y largo plazo.


8. Experiencia personal y método de estudio

Quien escribe estas líneas lleva desde 2009 investigando la ruleta y probando sistemas mediante simuladores y calculadoras desarrolladas por software.

He realizado miles de pruebas tanto en ruleta real como en simulaciones, utilizando todos los tipos de apuestas posibles: plenos, parejas, seisenas, transversales, docenas, columnas, color, paridad y altura. También he analizado apariciones, retrasos y distribuciones de frecuencia.

Tras tantos años de fracasos —porque encontrar una fórmula fiable y ganadora no me ha sido posible— sí he podido extraer algunas conclusiones que quizá ayuden a entender y controlar mejor el juego, aunque sin ninguna garantía de éxito.


9. Primera conclusión: la Ley del Tercio

La primera conclusión es que la conocida Ley del Tercio se cumple en la ruleta. Esto me lleva a pensar que se trata de una propiedad común a todos los conjuntos aleatorios cerrados, como el lanzamiento de monedas o de dados.

En una ronda de giros equivalente al número de elementos del conjunto (37), suele observarse, con ligeras fluctuaciones, lo siguiente:

  • Un tercio de los números no aparece.

  • Un tercio aparece una sola vez.

  • Un tercio aparece dos o más veces.

Por tanto, puede afirmarse de forma tajante que nunca veremos en 37 giros que aparezcan los 37 números una sola vez.

Las excepciones a esta ley son inversamente proporcionales al número de elementos del conjunto. En el caso de un dado, con solo seis resultados posibles, aunque es altamente improbable, sí es factible que en seis tiradas aparezcan los seis valores.


10. Desequilibrio persistente y falsa compensación

En el medio plazo, esto se traduce en que los resultados siempre están desequilibrados, y dicho desequilibrio se mantiene durante un número elevado de giros.

De aquí se desprende la segunda conclusión: tanto si se juega a plenos como a grupos, siempre existirán elementos dominantes, elementos recesivos y otros intermedios. Y, contra lo que suele creerse, no se produce un balanceo de frecuencias.

El número o grupo dominante tiende a seguir siéndolo durante cientos de giros, y el recesivo no “busca” compensar su déficit de apariciones. No existe ninguna fuerza interna que empuje al sistema a igualar resultados.

Por este motivo, es un error apostar “a lo que menos sale” bajo la creencia de que debe compensar su retraso. Aunque todos los números tengan la misma probabilidad teórica de aparecer en cada giro, esa compensación no ocurre. Y aunque resulte contraintuitivo, el sistema no corrige sus desequilibrios.

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